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Pretextos

Segundo lugar
Pretextos
Prólogo
El gato
Mi primer amor
Amor eterno
El de la suerte
Oración
Para toda la vida
Un milagro
Tortura
Diez minutos sin ella
Uno de tantos
Pienso en ti
Te extraño
Olvidar a Gloria
Por siempre jamás
Terca necedad
La huida
Sólo imaginaba
Preguntas tontas
Dos o tres heridas
La manifestación
La creación
Mil millas
Catarsis
Pretextos
Segundo lugar
De memoria y olvido
Entre príncipes
A veces pienso en ti
No vale la pena
Historia de fantasmas
Acorde al ritmo
Epitafio
¿Quién soy?
Identidad

Pretextos, de José Galván Rivas

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SEGUNDO LUGAR

 

Correr, correr, correr. De frente, a toda velocidad, dando lo mejor de sí. Avanzar, avanzar, avanzar. Esforzarse al máximo, buscar el lucimiento, sentirse admirado. ¿Por qué? ¿Y si no resulta? ¿Valdrá la pena? No lo sé. No puedo. Perderé...

            ¿Algo peor que un pobre diablo? Sí, un pobre diablo en el que otros han puesto su confianza. Un pobre diablo que, tal vez, muestra grandes posibilidades de superarse, de avanzar, de ser el mejor; una joven promesa que pierde la juventud y no pasa de promesa. Un pobre diablo que podría ser el primer lugar, que casi lo logra, que en el último instante cae derrotado, se levanta, lucha desesperadamente y llora con amargura por haber llegado en segundo lugar.

            Enamorarse perdidamente de una sonrisa, guardar silencio –imbécil–, esperar. Creer que la sonrisa es para uno, estar seguro de ello y dejarla pasar. Ese lunar que tienes, cielito lindo, junto a la boca, no se lo des a nadie, cielito lindo, que a mí me toca. Pero no basta pensarlo, hay que hablar, luchar, ganar. Sólo uno gana; llegar segundo es perder. Si la sonrisa pasa de largo, no es de uno, si la sonrisa no se posa en mis labios, ya la perdí.

            Lo que pudo haber sido y no fue... ¡Pobre diablo! Estar allí y sentir miedo. Todo al alcance de la mano y echarse para atrás. Llegar en segundo lugar, mientras ovacionan al ganador. No merecer ni una mirada, ver la sonrisa en otros labios y estar seguro que pudo haber sido de uno. Marcharse y descubrir que lo dejan ir solo. Para qué seguir...

            Y aun así, queda quien confía en uno, quita el arma suicida de nuestra mano y nos lanza, de nuevo, a competir.

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Pretextos de José Galván Rivas
(C) 1999, José Galván Rivas
Nicolás Romero, Estado de México